
Si de los pasillos de asépticos (y no tanto) laboratorios ha sido capaz de crear muchos y muy variados thrillers, tanto de tensión psicológica como inmersos directamente en la sección de casquería, este Splice no pasará a la historia por ser uno de los representantes más destacados del género. El señor Natali, apartándose de propuestas las más innovadoras y arriegadas que jalonan su filmografía, compone un digno producto alimenticio, comercial, sencillote y sin demasiados recovecos. Así, los dilemas éticos se dispersan en un sencillo juego de multinacionales sin escrúpulos, hijas atormentadas, diferencias de pareja y alguna que otra ducha sangrienta.
Pese a todo, y gracias a la presencia inquietante de la criatura y su evolución a lo largo del filme, la película se deja ver, pese a que en su afán por que nadie se pierda en elucubraciones complejas, el giro final se nos anticipa a media película, haciéndolo mucho más previsible.
En definitiva, el cine de palomitas ha ganado un nuevo titulo que pudo haber estado más proximo al buen cine de científicos locos.
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